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martes, 21 de septiembre de 2010

¿Cómo ganar un partido con un solo hombre?

Si el Madrid jugara todos los días como lo hizo ayer, Xavi Alonso podría terminar el año como el Juan Poltí de Horacio Quiroga, tendido en el medio del campo. Lejos esté el vasco, ¡por todos los Santos!, de la trágica suerte del half-back del Nacional de Montevideo, versión literaria que hizo Quiroga de Abdón Porte, el mediocampista que se quitó la vida de un disparo en el centro de la cancha.

Lejos -insisto- esté la suerte de Alonso de esta truculenta historia. Pero algo sí es cierto, y en eso la metáfora lleva razón: enloquecer a un hombre haciéndole correr y tirar a solas, durante más de 90 minutos, de un juego sin propósito es como ponerle un revolver en la mano. Da igual que tenga o no balas. Acabará tendido. Exhausto. Finito. Caput.

En el encuentro ante el Espanyol ayer en el estadio Santiago Bernabéu, el Real Madrid no jugó con 10 hombres, porque desde el comienzo lo hizo tan sólo con uno, el actual dorsal 14 merengue. Un Lass Diarrá destemplado -e incapaz de acertar un pase- obligó a Alonso a hacer doble trabajo: el suyo, el de Diarrá y, de paso, el del resto del equipo.
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Presionados por el rumor de la grada, el Madrid del primer tiempo obligó al centrocampista vasco a recuperar balones absurdos, desperdiciados en jugadas nerviosas. Un Özil diluido y mucho menos eficaz sumó preocupación a la afición pero también yardas a la ya penitente carrera de Alonso durante el encuentro. Es cierto, el mediapunta no tiene porqué recuperar balones, pero cuando el 14 se rompe el pecho, no estaría de más mirar atrás.

Xavi Alonso -también el juego del Madrid- comenzó a ver algo de luz con la llegada de Khedira en el minuto 27 del segundo tiempo.También con la intervención de Arbeloa. La aparición de ambos jugadores rearmó el esquema. Donde reinaba la dispersión fue posible untar algo de pegamento.

Llueven galácticos, aterrizan torrenciales místers en Valdebebas, y sin embargo, el Madrid tiene el mismo problema. El centro del campo, siempre ahí, gravitando como un agujero negro que se traga el juego merengue de un bocado. El mismísimo cañón del revólver a punto de cargarse lo que aún no ha comenzado.




Ayer, apenas unos minutos después de terminarse el encuentro, el periodista Santiago Segurola hizo notar en Radio Marca a un destemplado grupo de colegas suyos–todos demasiado atascados en el asunto arbitraje (que sí, fue lamentable)- lo que desde un comienzo se hizo obvio: Xavi Alonso estaba –y muchas veces está- tirando del carro solo. Y aunque las cifras sostienen al equipo -10 puntos, 6 goles a favor y uno en contra en cuatro partidos-, el Real Madrid no está para estos desafinados recitales.

El juego hubiese estado completamente roto –sí, mucho más de lo que estuvo- de no ser por Xabi Alonso, que se montó en los hombros, él solito, el peso del esquema 4-2-3-1 -anterior a la roja de Pepe- con el que ni el mismísimo Mourihno ha revivido el centro del campo del Real Madrid.
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No se puede pueden sostener dos balas de plomo con una única soga, porque al final, terminará por reventarse. El acertijo entonces no sería cómo ganar un partido con un solo hombre, sino cómo jugar ese mismo partido sin cargártelo y, deseablemente, acompañándole de 10 más.

En menos de ocho días, el Real Madrid ha jugado tres veces. Contra el Ajax, la Real y ahora el Espanyol. En las tres oportunidades, Xabi Alonso ha corrido lo que muchos de sus compañeros no llegarían a completar –con cierta eficacia- en una sola jornada.

A eso se suma un tema de Dianas móviles. Durante el encuentro con el Ajax -que tanto la prensa como la afición destacan como el mejor partido del Madrid hasta ahora- hicieron falta 26 tiros para lograr dos goles. Anoche, aunque marcaron CR7, Benzemá y el Pipita (en jugadas completamente aisladas), Gonzalo Higüaín desperdició seis ocasiones, entre ellas un oportuno tête à tête con Kameni que la grada no tardó en castigar con su ruidosa justicia de abucheo.
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El partido de anoche, además de feo, volvió a dejar en la mesa el aroma de las dudas. Podría llegar un día en que la sobrecarga deje a Alonso, y por ende al juego del Madrid, tendido de largo a largo, y sin la certeza de resurrecciones express. Porque hasta para revivir hace falta un plan claro que aún el –cada vez menos níveo- Real Madrid no termina de aclarar.

Sergio Ramos. De la luna al centro. Ayer, el segundo capitán del Madrid comenzó el partido de forma muy parecida a como jugó contra la Real Sociedad, con descuidos, gazapos, huecos y balones perdidos. Una vez reajustado el campo, y devuelto a la posición de central -donde suele verse demasiado encorsetado, a veces- Ramos recuperó lucidez, velocidad y pegada como defensa. Sobre el partido, el sevillano dijo al Marca. "Entendemos al madridismo. Ellos esperan mucho de nosotros y quieren que juguemos bonito, y ante el Espanyol no lo hemos hecho. Pero lo importante son los tres puntos".

sábado, 14 de agosto de 2010

Líbero ma non troppo


Nadie pudo decirlo mejor y con menos palabras. En su crónica publicada en el Marca del sábado 14 de agosto de 2010, Santiago Segurola se refirió a la actuación del Real Madrid frente al Bayern Munich como una intervención “discreta” y “poco armónica”. El asunto no daba para más. Era de esperarse, faltan dos semanas para que comience la liga española y apenas una para la Bundesliga.
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Sobre el manido San Iker salva al Madrid de los titulares deportivos, tan cierto y rotundo como los lugares comunes –he allí su problema, el de los lugares comunes y el del Madrid-, Segurola se refirió a las paradas de Casillas como intervenciones que “rescataron y resolvieron” los problemas de los blancos. A juzgar por el número de ocasiones –al menos cuatro, y de las santísimas- el Madrid tiene bastante trabajo por hacer.
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Se esperaban muchas noticias de este partido, el más jugoso de la pretemporada. Khedira, Carvalho, Canales, Di María, Pedro León puestos a lucirse en un encuentro con modales de Champions resultaba muy tentador para vender periódicos, pero también paras las conjeturas y las expectativas.
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De toda la tarta merengue horneada en Múnich, queda una porción especialmente apetitosa con sazón del Papa Negro. De entre los hervores tácticos de Mourinho, salta una curiosidad: la posición de Xabi en la estrategia de un juego esa noche bastante defensivo. Visto ya al día siguiente, el asunto parece un raro hojaldre en el fino horno repostero del míster portugués.
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Con un esquema 4-1-3-2 en el que Xabi Alonso quedó solo entre centrales y mediocampistas, especialmente en momentos de repliegue, fue posible percibir en el Madrid un fuerte tufillo defensivo, aunuque no por ello necesariamente eficaz –por algo Casillas tuvo tanto trabajo. El equipo, además, tuvo muy poca posesión del balón. El discreto de Segurola encaja aquí, serenamente.
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Xabi Alonso no parecía cómodo jugando de líbero –justo la posición que ocupó Franz Beckenbauer, el Káiser, homenajeado esa noche-. Xabi permaneció demasiado cercano a los centrales en lugar de armar juego con los mediocampistas, que es de donde se espera la fiesta de un juego que no puede jugarse sin jugones, con todo y cacofonía.
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Y ese síndrome de la oncena-cajón condicionó al resto de los jugadores, entre ellos a Canales, de quien muchos esperábamos ver -quizás demasiado pronto- atisbos de brillo. El Madrid se convirtió en una alacena de gavetas cerradas.
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Tanto Canales como Pedro León parecían jugar en función del esquema de repliegue, especialmente Canales, que repartió su tiempo –y sus pulmones- corriendo desde el centro hacia la banda izquierda para ayudar a Marcelo y descargar a CR7 de labores de defensa. Insisto. Es muy pronto y prefiero los adjetivos de Segurola a cualquier otra indigestión deportiva. X
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Después de viajar acurrucado entre la prensa y coqueteándole a la opinión pública, no se sabe si para que le temiesen o le quisieran, el Papa Negro comenzó a probar la eficacia de sus mises en scéne. Le fue bien. El Madrid se trajo la copa en homenaje a Franz Beckenbauer, en la fila 27 del avión además, y se repuso de sonrojos históricos (9-1). Tos de por medio. Le fue bien. Aún quedan dos semanas. Por lo pronto, a la de a Kaká se punta otra baja, Garay.
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Premier en el estómago.
Hoy comenzó la primera jornada de la Premier League, y lo hizo con un Machester City que pese a las millonarias inversiones (116 millones de euros) del jeque árabe Mansour bin Zayed Al Nahyan para fichar a Balotelli, David Silva, Yaya Touré, Jerome Boateng y Aleksandar Kolarov, empató a cero contra el Tottenham, un equipo que logró zafársele a los cuatros grandes y quedar en la fase previa de la Champions League. Mañana, los Gunners contra los Diablos rojos, y en Anfield.
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