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sábado, 10 de marzo de 2012

Cambur pintón



Debí de haber escrito esta crónica mucho antes, pero hay cosas que deben desactualizarse para poder ser escritas con alguna corrección, que no toda, pero al menos una cierta dosis. El miércoles 29 de febrero, la selección española jugó en Málaga un amistoso contra la selección venezolana.
Los primeros 20 minutos, España hizo lo que suele de un tiempo a esta parte en los amistosos: demorarse, perder el tiempo, desajustarse, dar vueltas en su propio eje hasta que, al fin, se recuerda a sí misma, recupera las bandas y vuelve a ser la grande de siempre.
Pero no es de España de quien voy a hablar en este post. De ella de habla mucho, y con razón. En ella se resume lo mejor del actual Barcelona con una buena dosis propia de toque e impulso que ninguna otra selección actual posee. Así que no será ella el tema. 
En esos mismos 20 minutos que utilizó España para recomponer su juego, la selección venezolana jugó un excelente, aunque rígido,  cambur pintón.  Entiéndase por cambur pintón (*) el acorde básico que aprenden los niños en las lecciones iniciales de cuatro, un instrumento típico venezolano parecido a la guitarra pero que en lugar de seis tiene, como su nombre, cuatro cuerdas.
El primer tanto de Andrés Iniesta fue el comienzo de una colina en bajada que desinfló a la oncena venezolana. Es verdad. Sin embargo, me gustaría quedarme con los primeros 20 minutos, con los atisbos de fútbol que ese lapso hizo evidentes. 

No vendré a decir aquí que inventar el agua tibia es un mérito, pero ya poner en práctica y perfeccionar el agua tibia en un combinado que ensaya su propia fe me parece importante. Una defensa rígida, casi de árboles plantados, produjo un juego demasiado conservador y aburrido, es cierto.
Pero ese mismo juego inflexible, sin laterales capaces de subir a atacar fue también la causa de un juego digno, elegante, que  permitió un primer tiempo de pocas ocasiones pero también de pocos errores que consiguió aguarle la fiesta en varias oportunidades a Iniesta y Llorente.
Hernández, un portero valiente, autor de paradas limpias, firmes y decididas, fue capaz de parar un penalti al “retornado” estrella de la selección para este año, Soldado. Es cierto que eso no le impidió al valencianista hacer hat-trick, pero no es lo mismo parar un penalti que encajar un gol.
Hubo jugadores que una vez más demostraron ser producto de una rutina y un quehacer disciplinado, que no de un genio futbolístico sobrenatural, pero es justamente de ahí de donde provendrá la excepcionalidad: del trabajo. Me refiero a Vizcarrondo, Amorebieta, Miku, Rondón –muy aplaudido por la afición, en su estadio del Málaga, donde juega- …Sin contar además a un Juan Arango con menor condición física pero más maduro, tal y como lo demuestra su reconocimiento como el segundo jugador con más asistencias acertadas en la Bundesliga.

Que el resultado fue cinco a cero. Eso no es lo relevante. Lo que me parece realmente importante es la cada vez más evidente apuesta por una técnica. Actualmente, Venezuela se encuentra entre los cinco mejores equipos de Suramérica y se enfrentó al Campeón del mundo. Ese es un escenario que hace 10 años era impensable.
Estamos llamados a trabajar. Y yo veo trabajo. Veo a veces un 4-3-2, en otras un 4-2-3, que se mantiene demasiado rígido pero justamente para no tropezar en la falta de perspectiva. Cambur pintón, sí. Para el polo margariteño todavía falta y queda mucha uña por raspar todavía. 

(*)  Los primeros acordes en segundo plano de esta canción reproducen lo que es un cambur pintón.

sábado, 5 de marzo de 2011

«No os riáis, ¡he venido para quitaros el puesto!»



Sus goles me ponen de muy mal humor, casi tanto como los del rival. Está claro que prefiero los tantos de Karim Benzemá a la derrota. Aún así, no distingo un ridículo del otro. No sé qué es peor, si retirarse con el marcador a cero, o necesitar de las ortopédicas y dificultosas maniobras del francés para no irse con las manos vacías. Así pensaba del 9 blanco hasta que lo vi marcar en el minuto 62 contra el Málaga. Un gol impresionante. Su némesis futbolítsica. Rápido. Elegante. Eficaz.

Es cierto que el ex jugador del Lyon ha comenzado una lenta redención futbolística de la mano de José Mourinho. Pero... ¿será suficiente?, ¿será cierta su lucidez? ¿Cuánta gasolina proveniente del ex City hay en ese sprint del nueve merengue? Durante la temporada 2009-2010 los números de Benzemá fueron nefastos. 13% de efectividad en 27 partidos de liga, con 160 balones perdidos y apenas 9 recuperados. El hecho de que hubiese marcado 8 goles no maquillaba su poca destreza en el campo.

La lesión del Pipita durante la temporada 2010-2011 pareció un quiebre en el desempeño del francés, sobre quien, al saltar al campo, comenzaron a volar, rápidamente, los zopilotes de la prensa, MARCA el primero y más voraz de ellos. Benzemá comenzaba a parecer una presa de titulares y la diana favorita de la antipatía madridista. Sin embargo, en espasmódicos y torpes movimientos, el nueve puso en marcha su pesada y patosa humanidad para hacer triplete contra el Auxerre y marcar contra el Ajax. A cada tanto del francés, los palmeos amistosos, casi condescendientes de sus compañeros de equipo, que le tratan más como a una mascota que como a un delantero.

Símiles a un lado, el francés parece estar sacudiéndose con fuerza, para quitarse las sospechas que llovían sobre sus hombros a cántaros hasta hace unos meses. Lo hizo contra su ex equipo, el Lyon. Y hace escasos días, en el concierto que el Madrid le propinó al Málaga, parece que el jugador, por una vez, hubiese podido tapar sus oídos al ruido de la canalla y concentrarse, al fín, en una sola cosa. El balón.

En el minuto 62 de un Málaga vencido de antemano -Mourinho pega antes de saltar al campo, y Pellegrini fue el sparring esta vez-, Benzemá aprovechó muy rápida y elegantemente. Resolvió de cabeza, en el área pequeña, gracias a un pase de Marcelo. No fue sólo la quinta Diana del Madrid esa noche, no. Fue la oportunidad de Benzemá para sembrar la duda en quienes aún le ven -le vemos- como un mastodóntico y desvalido lionés perdido entre una horda de normandos.



Benzemá tenía apenas 9 años cuando se incorporó a la academia de juveniles del Olympique Lyonnais. El chico, de origen argelino, que vivía en Bron, un pequeño pueblo cercano a Lyon, consiguió anotar 38 goles en una temporada con el equipo sub-16 y 12 goles en 14 partidos con el equipo sub-18, lo que le valió ser convocado inmediatamente a la categoría juvenil. El ascenso futbolero del chico que vivía en un barrio humilde con sus padres y sus ocho hermanos hablaba, porqué no, de un Zizú. ¿Qué tanto queda de ese chico en este hombre de melancolía presidiaria y castellano torpe?

Al momento de su fichaje por el Madrid, Benzemá era el garҫon mimado del fútbol francés. Viéndolo ahora esperar su turno en el banquillo, uno se pregunta... ¿Qué le pasa por la cabeza? Esa estampa de niño atrofiado. Su barba azul y delincuencial. Su rasurada cabeza. ¿Quién es, a fin de cuentas, este taimado delantero?

Se sabe de memoria, dicen, todas las letras del rapero francés Rohff (Rimeur Original Hardcore Flow Fluide). Se dice, también, que cultiva una estrecha amistad con Mc. Que siente sus letras de destrucción y muerte casi como si hablaran de él. Ambos han tenido problemas con la justicia, ambos se han dado de golpes -uno contra un balón, otro contra el micro- y ambos están en el centro de una arena pública que les llena los bolsillos de dinero, ¿a cambio de qué?

No puedo comprobar el dato, pero cuentan que cuando fue convocado por el entrenador del primer equipo Paul Le Guen, siendo apenas un adolescente, Benzema, tuvo que presentarse antes sus nuevos compañeros en el vestuario. Cuando entró, escuchó risas a su alrededor. "No os riáis, ¡he venido para quitaros el puesto!", soltó como quien escupe o demarca territorio, una frase hecha del mismo material con el que se construyen los minutos 62 con el que se calla la boca a una grada.