jueves, 10 de marzo de 2011

Lo acepto, a Torres el tiempo no le sobra

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Es el nueve que ficharía en un hipotético equipo de afectos. Con Fernando Torres comencé este blog -fue mi primer post- y con él he atravesado buena parte de las mayores alegrías y amarguras en el quehacer de un hincha. Su gol contra Alemania en la Eurocopa de 2008; su desinfle en Sur África; su reinado en la isla de God save the Queen y su ya largo tapete de lesiones. Fernando Torres es un Hermes sin sobre. Le corre prisa. A él, como al mensajero, "no le sobra el tiempo".

Su partida al Chelsea en un momento de hundimiento para los diablos de Anfield, me pegó como al Red más encendido. Me dolió, y mucho. Al salir el tema del chico de Fuenlabrada en la caseta del Chelsea, no faltaba quien me dijera: "Es la pasta, yo lo haría". Con su paso al Chelsea, Torres pasó a formar parte de los 6 traspasos más caros de la historia y el fichaje más costoso de un jugador español.

Sí, es cierto, cuando no tenemos 27 años y una carrera de oro, todos nos la damos de dignos. Pero igual arrastré el despecho, silenciosa y dignamente, casi más que en la ocasión en la que el ex-colchonero se despachó al Madrid diciendo que antes se casaba que fichar por el equipo merengue (valga decir que no pasaron dos meses y el chaval, por bocón, pasó por vicaría).

Chistes a un lado, y entrando en materia, hoy salió publicada en el Marca una sorprendentemente buena entrevista a Fernando Torres (Valga a decir que la excepción, esta vez, no es el delantero). En ella, el nueve se muestra honesto y directo al referirse a las razones que lo llevaron al Club de Abramovich:

"En el verano que se va Xabi Alonso me empiezo a hacer preguntas. En el Liverpool pasé mis tres mejores años como profesional y tal vez en lo personal (...) Cuando se fueron Xabi, Mascherano, antes Crouch y Arbeloa, no venían refuerzos. Me preguntaba si el Liverpool era el Club que decía su historia o era un equipo vendedor. Me decían que no se vendía a nadie y yo rechacé una oferta del Chelsea en verano (...) La marcha de Rafa Benítez era un tercer punto. La entidad era un caos con la venta (...) En muchas cosas me recordaba la Atlético: gran historia, muchas ideas... pero sin dinero hace falta tiempo. Y no me sobra".
Ochenta y tres partidos con la selección española, 62 de titular, 26 goles; Premier League: 106 partidos; 95 de titular, 75 goles; Liga Española de fútbol: 174 partidos jugados, 173 de titular, 75 goles. Que el niño Torres no quiera el Kun vaya al Madrid, me parece bien -por razones distintas a las suyas-. Que no le sobre el tiempo, lo acepto. Que nunca jamás vista de blanco eso, no sé, si pueda soportarlo.

martes, 8 de marzo de 2011

El urinario de Iniesta

Estamos de acuerdo. Arsene Wenger, el gunner mayor, guardó los cañones. Se atrincheró. Reservó los proyectiles para ocasiones que jamás llegaron. No exagera Ramón Besa al decir que el Barça jugó contra el Barça, porque si a los catalanes les costó anotar durante los primeros 30 minutos no fue porque los londinenses jugaran a la contra, sino porque permanecían, alineados, en la más clásica propuesta del calcio italiano. Defender. Defender. Defender (Amén de la Roma que se nos ha quedado fuera de esta misa que es la Champions… Requiem for a dream).

Y mientras todos, inevitablemente, hablan de Messi, el diez de platino, en el engranaje de juego culé está, siempre, el hombre que mueve las piezas: Andrés Iniesta, el fulguroso y pálido centrocampista de Fuentealbilla, quien fue anoche, una vez más, el Mutt en una esquina del ready made. Se irritará, supongo, más de uno que lea esta soez y vulgar comparación (si me falta algún adjetivo, por favor, no seáis tímidos, a por mí). Y me disculpo de antemano si hiero susceptibilidades y pedestales culturales, pero así somos los mercenarios: nos conformamos con lo mucho que nos ofrecen las cosas bien hechas y, anoche, las dos (de las muchas) intervenciones de Iniesta fueron providenciales.

Anoche, Andrés Iniesta se comportó como el artista del gesto. Escogió balones salidos de la nada, los sacó de su contexto, los enmarcó, los firmó y los convirtió en obras de arte. Sólo le faltó darles la vuelta, al más puro estilo Urinario de Duchamp. Y uno se pregunta. ¿Cómo lo hace? El robo del tacón fallido de Cesc (el gran perdedor) que terminó en gol de Messi en el minuto 45 y el regate, conducción y toque final con gol de Xavi en el 69. Boccato di Cardinale.

Volvamos, sin embargo, a los bemoles. Porque hacen falta, tanta, como la rabieta de anoche y su rebrote con periódico deportivo de esta mañana. El perdón a un penalti a Messi trajo una pésima compensación: la expulsión de V. Persie por una segunda tarjeta amarilla absurda, arbitraria y ridícula que dejó al Arsenal con 10 hombres. Pero cuando las cosas están dadas de antemano -la poca garra del Arsenal- no hay munición que valga. El Barcelona ha ganado con táctica a la tan pesada e inmóvil artillería de un Wegner que ha sido incapaz de mover sus cañones de sitio.

sábado, 5 de marzo de 2011

«No os riáis, ¡he venido para quitaros el puesto!»



Sus goles me ponen de muy mal humor, casi tanto como los del rival. Está claro que prefiero los tantos de Karim Benzemá a la derrota. Aún así, no distingo un ridículo del otro. No sé qué es peor, si retirarse con el marcador a cero, o necesitar de las ortopédicas y dificultosas maniobras del francés para no irse con las manos vacías. Así pensaba del 9 blanco hasta que lo vi marcar en el minuto 62 contra el Málaga. Un gol impresionante. Su némesis futbolítsica. Rápido. Elegante. Eficaz.

Es cierto que el ex jugador del Lyon ha comenzado una lenta redención futbolística de la mano de José Mourinho. Pero... ¿será suficiente?, ¿será cierta su lucidez? ¿Cuánta gasolina proveniente del ex City hay en ese sprint del nueve merengue? Durante la temporada 2009-2010 los números de Benzemá fueron nefastos. 13% de efectividad en 27 partidos de liga, con 160 balones perdidos y apenas 9 recuperados. El hecho de que hubiese marcado 8 goles no maquillaba su poca destreza en el campo.

La lesión del Pipita durante la temporada 2010-2011 pareció un quiebre en el desempeño del francés, sobre quien, al saltar al campo, comenzaron a volar, rápidamente, los zopilotes de la prensa, MARCA el primero y más voraz de ellos. Benzemá comenzaba a parecer una presa de titulares y la diana favorita de la antipatía madridista. Sin embargo, en espasmódicos y torpes movimientos, el nueve puso en marcha su pesada y patosa humanidad para hacer triplete contra el Auxerre y marcar contra el Ajax. A cada tanto del francés, los palmeos amistosos, casi condescendientes de sus compañeros de equipo, que le tratan más como a una mascota que como a un delantero.

Símiles a un lado, el francés parece estar sacudiéndose con fuerza, para quitarse las sospechas que llovían sobre sus hombros a cántaros hasta hace unos meses. Lo hizo contra su ex equipo, el Lyon. Y hace escasos días, en el concierto que el Madrid le propinó al Málaga, parece que el jugador, por una vez, hubiese podido tapar sus oídos al ruido de la canalla y concentrarse, al fín, en una sola cosa. El balón.

En el minuto 62 de un Málaga vencido de antemano -Mourinho pega antes de saltar al campo, y Pellegrini fue el sparring esta vez-, Benzemá aprovechó muy rápida y elegantemente. Resolvió de cabeza, en el área pequeña, gracias a un pase de Marcelo. No fue sólo la quinta Diana del Madrid esa noche, no. Fue la oportunidad de Benzemá para sembrar la duda en quienes aún le ven -le vemos- como un mastodóntico y desvalido lionés perdido entre una horda de normandos.



Benzemá tenía apenas 9 años cuando se incorporó a la academia de juveniles del Olympique Lyonnais. El chico, de origen argelino, que vivía en Bron, un pequeño pueblo cercano a Lyon, consiguió anotar 38 goles en una temporada con el equipo sub-16 y 12 goles en 14 partidos con el equipo sub-18, lo que le valió ser convocado inmediatamente a la categoría juvenil. El ascenso futbolero del chico que vivía en un barrio humilde con sus padres y sus ocho hermanos hablaba, porqué no, de un Zizú. ¿Qué tanto queda de ese chico en este hombre de melancolía presidiaria y castellano torpe?

Al momento de su fichaje por el Madrid, Benzemá era el garҫon mimado del fútbol francés. Viéndolo ahora esperar su turno en el banquillo, uno se pregunta... ¿Qué le pasa por la cabeza? Esa estampa de niño atrofiado. Su barba azul y delincuencial. Su rasurada cabeza. ¿Quién es, a fin de cuentas, este taimado delantero?

Se sabe de memoria, dicen, todas las letras del rapero francés Rohff (Rimeur Original Hardcore Flow Fluide). Se dice, también, que cultiva una estrecha amistad con Mc. Que siente sus letras de destrucción y muerte casi como si hablaran de él. Ambos han tenido problemas con la justicia, ambos se han dado de golpes -uno contra un balón, otro contra el micro- y ambos están en el centro de una arena pública que les llena los bolsillos de dinero, ¿a cambio de qué?

No puedo comprobar el dato, pero cuentan que cuando fue convocado por el entrenador del primer equipo Paul Le Guen, siendo apenas un adolescente, Benzema, tuvo que presentarse antes sus nuevos compañeros en el vestuario. Cuando entró, escuchó risas a su alrededor. "No os riáis, ¡he venido para quitaros el puesto!", soltó como quien escupe o demarca territorio, una frase hecha del mismo material con el que se construyen los minutos 62 con el que se calla la boca a una grada.

miércoles, 2 de marzo de 2011

El Madrid y los números impares


Al Real Madrid no se le dan bien los números impares. ¡Ni uno solo de ellos! Un brevísimo repaso por el ábaco merengue arroja la hipótesis de una maldición arábiga sobre el conjunto blanco. ¿Será posible? Verosímil o no, la peste se esparce en todas direcciones, desde el dorsal de fichajes que no cuajan hasta un esquema de juego que sigue crudo a pesar del calor de la Liga. A siete puntos del Barcelona, cuando hace apenas unos días eran cinco, las cuentas ni cuadran ni se redondean.

El trivote de San Agustín
Si vaciar el agua entera del mar dentro de un hoyo cavado en la arena escapa del entendimiento humano de la misma forma que lo hace el hecho de que el Padre, Hijo y Espíritu Santo sean una misma persona, pues jugar un fútbol digno sin centro del campo pertenece a la misma categoría de los imponderables. ¡Sencillamente está vetado a la razón! Sin embargo, el Real Madrid arrastra el agua en su concha de mar tal y como el empecinado niño lo hacía ante la curiosa mirada de San Agustín.

El tres es un dígito que se atraganta en el esquema del mediocampo, desde mucho antes de la pretemporada. Se trata, en efecto, de una Santísima Trinidad que Xabi Alonso ha tenido que echarse a cuestas él solo y que lleva, al menos unas dos ligas, con la bombilla de emergencia fundiéndose en el tablero merengue. Al comienzo, la fuerza de Canales prometía renovación. Pero la furia sin método del chaval echó por tierra las esperanzas. Un Khedira suficiente, a veces muy justo en el adjetivo, y un Lass defensivo, excesivamente defensivo, enfriaron la cocina del juego, un juego permanentemente fracturado que ahora Mou tiene que recalentar en el microondas con un trivote que usó Capello con Emerson, Diarrá y Gago, en 2006.

Pase lo que pase, el asunto no cuaja. La masa se quiebra. En el primer tiempo del partido contra el Olympique de Lyon, los merengues emplearon un juego suicida: mediocampo defensivo, con contraataque a balonazos y carreras forzadas a cargo de Özil y CR7, como si la intención fuese morir de agotamiento y furor en lugar de romper el marcador.

Mano de póker o el aguafiestas sin calculadora
Las últimas ligas se han perdido, justamente, en los derby. Como si los puntos anotados por los blaugrana en la portería de Casillas hubiesen trazado surcos en el ánimo del Madrid, incrustándose como tachuelas. Sin embargo, y a pesar de encajar balones, hasta ahora pocos derby habían resultado tan incómodos para el Madridismo como el 5-0 del pasado noviembre. No porque fuera el primero, porque como ese resultado ya han ocurrido cuatro en el Camp Nou, uno de ellos con Cruyff como jugador, en la Liga 1973-1974.

El problema de la impar goleada fue, primero, la pasividad de un equipo que ese día tenía en su afilada dentadura a CR7, al ágil Di María y al, cuando lo desea, atorrante, veloz e incansable Özil, que presiona cada jugada como si fuera única. Pero peor aún, mucho peor, resultó que tal impar infortunio ocurriese en la gestión Mourinho, el hombre que arrebató al Barcelona la Champions League el año pasado y que llegó al Madrid con las credenciales del aguafiestas de Guardiola.

El nueve, el bendito nueve

Que Karim Benzemá se haya redimido primero en partidos discretos, luego frente Auxerre y finamente frente al Lyon no significa que sea un buen jugador. Ya era tiempo de dar algún tipo de señal... de vida. Casi dos años después de su fichaje, el francés se vio obligado a acelerar sus lentos progresos debido a la lesión del Pipita.

Esta vez, no había escapatoria, tenia que mostrar hechos relativamente convincentes, es decir, la menor cantidad de resultados nefastos a los que solía tener acostumbrada a la afición: mal control del balón, pases equivocados, tiros inexactos a Cuenca, ¡perdón!, quise decir a puerta. Pero el problema con el nueve no se limita al dorsal del francés, sino a la posición como tal. Es cierto que Mourinho y otros de sus predecesores han pedido, varias veces, un nueve clásico que no termina de llegar y que, por los vientos fríos del fichaje de invierno que pasó, no viene. Toca tirar del carro a ver si el Madrid pasa de la novena a la décima.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Una amable invitación a visitar el territorio Benfiquista

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Antonio es un gran hincha del benfica, también responsable y único redactor del Blog Orgullo Benfiquista, donde se resumen las principales noticias, estadísticas y demás informaciones del club luso. Por estas raras coincidencias de la red, Antonio llegó a Dorsal 14 y se interesó por las incoherencias que aquí se publican.

Os dejo el link de una amable y generosa entrevista de Antonio y, por supuesto, una invitación para que visiten su blog.http://orgullobenfiquista.blogspot.com/

martes, 15 de febrero de 2011

Lluvia de panes duros

Dice Juan Nuño en su Teoría sobre los juegos que todo éste pretende representar o imitar algo. El juego es simulacro. Extensión y ortopedia de las sociedades que lo practican. Sus reglas son el modelo a escala de una mínima gobernanza. En una enciclopedia imaginaria sobre el particular, el fútbol reinaría en este siglo como el más perfecto de nuestros cachivaches occidentales.

El oleaje de 11 jugadores que buscan, fieramente, traspasar o defender una misma e hipotética diana lo supone todo. En el futbol existen todos los ingredientes de nuestras formas más primitivas. La pertenencia, sea o no territorial, a una u otra afición. Los héroes, esa máquina furiosa de afectos y esquirlas. La grada, con su tufillo de mirón de palo. En el fútbol, como en las democracias, el aforo legitima la santidad de los Estadios.

Después de dos guerras mundiales y tras la complicada reconstrucción de su paz política, Europa encontró en el fútbol no sólo un lugar dónde desahogar sus tensiones nacionales sino también un espectáculo dónde dar por finiquitado el pan del circo, sin daños a terceros.

De los anárquicos partidos de la Inglaterra del siglo XI donde hordas de campesinos corrían a través de ciénagas, prados y explanadas, a los clubes que hoy confeccionan una mejor y más eficaz simulación. Hombres que no son reales. Hombres que valen millones. Una dinastía de imposibles del que todos ansiamos un trozo.

Que haya el fútbol servido en su momento como escaparate para tiranos, verbigracia el Real Madrid de Franco o la Argentina Campeona de Videla, no le quita miga al mendrugo que hoy se reparte en esta carpa. El míster ha pasado de estratega a vociferante dictateur. Los periodistas han dejado las metáforas y se han dedicado, de lleno, a recolectar basura o, lo que es peor, a escribirla o protagonizarla.

Si todo juego es, en efecto, la simulación de algo, ¿a qué o quiénes imitan las leyes de este fútbol? Jeques , promotores inmobiliarios y cavalieris ¿Lo que debió de ser la guerra ahora será el mercado? Hombres que valen millones y esta lluvia de panes duros que no amaina.

lunes, 17 de enero de 2011

Y sin embargo se mueve


Es de las personas que más respeto; una de las poquísimas a las que escucho y a las que, estoy segura, seguiré escuchando. Y aunque no es la primera vez que le oigo decir algo parecido -me ha reñido por mi "absurdo madridismo", por dedicar tanto tiempo a ver, hablar y leer sobre fútbol-, esta vez ha sido diferente.

“Me gusta el fútbol, pero no tanto como para tomármelo en serio y, por tanto, me cuesta creer que alguien escriba sobre él en serio”, me ha dicho. No voy a cuestionar la razón que tenga o no para opinar de tal o cual forma, porque uno solo de sus argumentos bastaría para evidenciar la razón, infalible, por encima de mi blanda intuición. Y sin embargo, algo escuece. Eppur si muove ó E pur si muove.

Cuando llegué a España hace ya unos años, para mí el fútbol era eso, un deporte. Y puede que un gran deporte, o El deporte. Después de cuatro años, el fútbol es, y lo he dicho, una forma de ejercer ciudadanía, de hacer bulto -como siempre, sí- con motivos en apariencia más pedestres, menos heroicos. Ya no vamos a la guerra. Vamos al clásico. O al derby. O al final de Champions. O como queráis llamarle. Simon Kuper dixit.

En el fútbol, las patrias -tal y como las entendíamos- son cada vez más débiles. Se es del Inter o del Milan. Del Madrid o del Barcelona. No importa el lugar de donde procedan los feligreses, porque asumirán el Club como un sucedáneo. La tribu es el territorio, y no al revés.

Y sin embargo, miento. Porque ésa es sólo una de las vivencias del fútbol: la que se tiene desde el primer mundo, desde la amplia meseta de las -inalterables e infranqueables- clases medias europeas. Pero en algunos otros lugares, algunos de de topografía social y física más pronunciada, las patadas valen, y mucho. Ellas pueden ser la diferencia entre que un benjamín y su familia entera vivan mejor, o que se quede uno en el camino del trapicheo y los otros en el foso de la pobreza. Excepciones, claro, siempre excepciones. Telúricos brotes en un continente donde todo proviene de la naturaleza.

Que la gente se apasione más por las antipatías que despiertan entre sí delanteros o entrenadores que por las mayorías parlamentarias. Que el bar matutino esté despierto para denunciar pillajes arbitrales y no expediciones del FMI. Que para el gobierno francés el motín de su selección en Suráfrica fuera un tema de Estado. Que once señores en pantalones cortos desfetichicen la bandera española -y lo saben, porque sí, que la bandera (izada en determinados lugares) no es una tela neutra- es algo que merece alguna curiosidad.

El problema, como en todas las ciudadanías, se esconde en el exceso. Del hincha al fanático doméstico enajenado, ése que, como yo, ha tenido que levantarse de la silla e irse, para no hacer tragar un cenicero al míster jubilado que en el bar se despacha -como si supiera- la defensa del club querido. Lo he hecho. Y sí. No está bien. El territorio es la tribu. Y quién mejor que Juan Villoro para contarlo.

Ésta no es una respuesta, ni mucho menos, para quien me ha puesto a pensar estas cosas. Es tarea que he traído a casa, al autobús, al invariable vagón de la línea cinco. Es una obligación que ronronea y retoza, pendiente de atención, entre un libro sobre el liberalismo político a medio de leer de Lassalle, otro más de Carlin (Los ángeles blancos) y los diarios de Alejandra Pizarnik. Esto no es, en absoluto, un respuesta. Es sólo una acrobacia, una cuenta pendiente, un motivo para que no quede duda: escucho, aunque no lo parezca, escucho.