domingo, 1 de abril de 2012

No Carlin, así no.

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Aunque parezca que lleva razón, Carlin se equivoca. Otra vez. Siempre ha existido una, pero ahora más y probablemente mucho más esplendorosa, primavera española. No necesariamente una relacionada con la Puerta del Sol, pero sí relacionada con la política, porque, por muy propagada que se encuentre la costumbre de hacerle asco, la política, aunque no de partidos, está en todas partes, incluyendo las camisetas de fútbol.
Carlin, el británico más andaluz que pueda existir sobre la faz de la tierra, en pleno fin de semana del Ecofin, ha escrito el que sea, probablemente, el artículo de opinión más lamentable de toda su carrera periodística. Para referirse a la espléndida calidad del fútbol español, explica el columnista de El País que los cuatro finalistas de las dos grandes competiciones europeas, la Champions y la Europa League, serán españoles. Eso no tiene nada de falso ni descabellado. Hasta ahí va bien.
El empacho patriotero se agrava cuando hace trampa Carlin y comienza a mezclar peras con manzanas. Entonces narra Carlin que un partido de UEFA disputado en Alemania entre el Athletic de Bilbao y el Schalke04 hubo seis goles. Uhum. Y que de esos seis  la totalidad había sido  anotada por jugadores nacidos en España. “¡Cómase estas, señora Merkel!”, remata como pataleta en contra de la canciller alemana, dando a entender que con la interjección la malvada funcionaria tiene su merecido  por oprimir con sus medidas  a la España que Carlin redime con el fútbol, como si en algo tuviera que ver.
Y es ahí donde no sé si lo que dice Carlin es para taparle la boca con celo primero y después preocuparse o primero preocuparse y después taparle la boca con celo. Algo en el  habla patriotera de Carlin me recuerda, con sus enormes distancias claro está, a los discursos de la década de los ochenta, cuando a los serbios se les hacía creer que eran una raza superdotada para la acción y el deporte, pero humillada por las potencias extranjeras. 
 "Algo en el  habla patriotera de Carlin me recuerda a década de los ochenta cuando a los serbios les hacían creer que eran una raza superdotada para el deporte, pero humillada por las potencias extranjeras"
Esto digamos, también es exagerar , pero pensando en la reciente polémica sobre los guiñoles de Canal Plus y la sobre-reacción de los medios -y los ministros- españoles, comienzo a preguntarme si no será cierto, acaso, que el tema redime o comienza a ser utilizado por España como un instrumento de compensación por sus otras pequeñeces -o lo que ella percibe como sus pequeñeces- económicas, culturales o políticas. 
El fútbol es una ciudadanía. Éste no surge ni se articula como reacción ni como  reafirmación. No esta hecho para mantener a raya a nadie. Roberto DaMata -un estudioso del fútbol como fenómeno cultural brasileño- afirma que cada sociedad tiene el fútbol que merece, pues deposita en él una serie de cuestiones y demandas que le son relevantes.
Si aplicamos ese análisis a lo que nos ocupa, se puede decir que Alemania ha sido tres veces campeona del Mundo, mientras España acaba de lograr su primer título. Eso no quiere decir que sea mejor o peor, sino que acaba de conseguirlo y si lo ha hecho ha sido justamente gracias al trabajo constante durante las tres décadas posteriores al mundial de 1982.
Todo este tiempo ha tardado en gestarse esa primavera que estalla ahora, y que parece que lleva toda la vida instalada en la palestra pública, porque además coincide con la sofisticación local de la Liga –no sólo en el Real Madrid y el FC Barcelona, sino también otros clubes- y el florecimiento de una generación de jugadores profesionalizados cuya competición en ligas extranjeras como la Premier (Fernando Torres, Degea, David Silva) o la Bundesliga (Raúl González) eleva el perfil de un fútbol cada vez mejor.
El discurso redentor de Carlin no sólo es futbolísticamente vago y poco riguroso en su artículo de este domingo, sino que además, se presta al populismo y alienta la charanga y pandereta con buenas raciones de confeti barato que a nadie beneficia, ni a la grada ni a los jugadores. Primavera sí, española también. Pero no así Carlin. No así. 

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