viernes, 13 de julio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
Un seis, al revés, es un nueve
domingo, 10 de junio de 2012
García Montero tira del hilo con el que se cose 'Un balón envenenado'
Hubo quienes dijeron que Zidane jugaba en verso, y aunque podríamos darnos por servidos con la sola evocación de Zizou, no es ésa la única mixtura entre fútbol y poesía. La relación entre ambas tiene ya tiempo y páginas escritas.
Rafael Alberti, con su Oda a Platko tras la final de Copa del Rey que enfrentó al Barcelona y a la Real Sociedad en 1928 es uno de los puntos de partida más concurridos y visitados para contar esta filia futbolística y literaria. También lo es, claro, la Contraoda que escribió el poeta de la Real Sociedad, Gabriel Celaya, cuya enorme pasión por los donostiarras hizo que el día de su muerte los jugadores de la Real salieran a jugar con brazaletes negros en un partido ante el Athletic.
No son esos los únicos episodios (ni versos), tampoco estos. Pero vale la pena contarlos. Luis Alberto de Cuenca llegó a decir que la edad se mide según los jugadores que uno ha visto pasar. Miguel Hernández dedicó su Elegía al guardameta al portero de Orihuela, su tierra; Nicanor Parra en su poema Noticiero, 1957 habló de la destreza y el destino de la selección chilena; Clara Janés creyó escuchar oraciones en las alineaciones y Neruda, en Los jugadores, vertió denuncia social ahí donde sólo se suponía que un grupo de hombres jugaban con un balón.
Poeta y amante del fútbol, Luis García Montero reúne lo más afinado de las voces poéticas que han escrito sobre este deporte en Un balón envenenado, una antología poética de Visor que reúne los versos que han dedicado distintos poetas, desde el ya mencionado Rafael Alberti hasta un más contemporáneo Miguel Ávila Cabezas, de cuya selección el autor de Habitaciones separadas (1994) e Intimidad de la serpiente (2003) habla en esta entrevista.
-¿Cuánto ha cambiado (y de qué forma) la relación poesía-fútbol desde la Oda a Platko de Rafael Alberti a los versos que escribe, por ejemplo, Miguel Ávila Cabezas sobre David Beckham?
-El fútbol empezó siendo una novedad que llamó la atención a la poesía de la vanguardia. Por ejemplo, la Oda a Platko, con la que mantuve una relación muy estrecha porque hice mi tesis doctoral sobre Rafael Alberti, representaba esa atención ante la nueva épica que era el deporte. Eso fue modificándose en el tratamiento poético, según la situación y el papel del fútbol en la sociedad. Se puede ver en la posguerra: hay poemas que cantan a un fútbol modesto; otros desde la perspectiva de la poesía social, incluso hay poemas que lo critican, como una manera de manipulación ideológica.
-La cercanía en el tiempo ha generado, incluso, un poeta menos contemplativo para sustituirlo por un poeta hincha.
-Sí. Hasta cierto punto se ha normalizado. Hoy día existen los poetas que son muy aficionados al fútbol y que lo usan como una parte más de su vida; hay otros que se lo toman más a broma. Que si España gana la Eurocopa. O pierde.
-En la literatura no existe, por ejemplo, una gran novela sobre el fútbol. En cambio, el género que parece más cercano, plásticamente, es la poesía, ¿por qué?
-El fútbol es un espectáculo de sensaciones inmediatas y de fulgor, quizás por eso se ha relacionado más con la poesía. Existe un famosísimo ensayo de Pasolini en el que dividió el fútbol en dos: el fútbol poesía y el fútbol prosa. El fútbol poesía, que sería el fútbol más creativo, es el que se detiene en el juego, el que sería el de la selección brasileña de hace unos años y el que viene a jugar ahora la selección española. El fútbol prosa sería el que busca, por encima del juego, la eficacia del resultado .
-También decía Pasolini que el “máximo goleador es el mejor poeta del año” . A propósito de eso, del once futbolístico, ¿cuál es para usted la posición más literaria, la que se presta más al quehacer poético?
- Creo que hay dos personajes muy poéticos, y que están en las dos puntas del campo. Está el delantero centro, que es capaz de meter el gol y cerrar la juagada en un momento determinado, y el portero. La soledad el portero ante el penalti, la soledad del portero como última barrera también recuerda la poesía. La soledad del portero es poética. Y en ese sentido es lógico que algunos de los poemas dedicados al fútbol, como el de Alberti o el de Miguel Hernández, vayan dedicados al portero.
-Se sabe que usted es del Granada y también del ¿Real Madrid, cierto?
-Yo soy un niño de provincias y los niños de provincia tenemos doble infancia, y como yo siempre quise subir a primera división y tener un pie entre equipos grandes... Por eso soy socio del Granada y del Real Madrid...
-¿Qué jugadores de los históricos del Madrid le resultan entrañables?
-No llegué a ver jugar a Di Stefano. Pero también me gusta Velázquez , siento especial gusto por Guti.
-Un centrocampista como pocos al que se echa de menos.
-Sí, un jugador díscolo, muy irregular y con una personalidad extraña , alguien que me ha mocionado mucho en el campo. Decía hace poco Valdano que el último gran sobresalto que ha tenido en el campo, se lo produjo el taconazo de Guti a Benzemá . Ha habido tantas veces en las que Guti me ha dado tanto.
-En la alineación, ¿existe una posición que le despierte más entusiasmo?
-Últimamente soy muy partidario del juego en equipo. La sensatez futbolística que creo que la trajo a España Cruyff y la Masía en Barcelona construyó una manera de entender el fútbol que la estamos disfrutando mucho en la selección española , donde todo el mundo a la vez defiende y ataca pero, si hay que quedarse con algo, quizás me quedo con esa visión de campo de Iniesta, que saliendo desde atrás crea huecos y envía balones.
-Para cerrar, y volviendo a la poesía, ¿por qué Un balón envenenado?
Por el doble significado que puede llegar a tener. Los aficionados al futbol sabemos que el balón se envenena: esos disparos que parecen fáciles de parar, pero comienza a cambiar el rumbo de esa jugada que parece fácil y acaba dentro de la portería o al contrario, ese balón que parece que va dentro y resulta que no entra. Me pareció una expresión que servía para hablar del veneno del fútbol . Más allá de los problemas sociales, de las crisis, los aficionados al futbol sentimos el veneno de este juego y nos emocionamos cuando toca partido.
domingo, 1 de abril de 2012
No Carlin, así no.
"Algo en el habla patriotera de Carlin me recuerda a década de los ochenta cuando a los serbios les hacían creer que eran una raza superdotada para el deporte, pero humillada por las potencias extranjeras"
domingo, 25 de marzo de 2012
Un fútbol invisible
sábado, 10 de marzo de 2012
Cambur pintón
(*) Los primeros acordes en segundo plano de esta canción reproducen lo que es un cambur pintón.
sábado, 7 de enero de 2012
Futbolistas que escriben, y no precisamente en twitter

En sus Historias del Calcio, Enric González recoge una anécdota sobre el capitán de la Roma: “Incendio en la biblioteca de Totti, destruidos los dos libros. Totti está desesperado. ¡Aún no había terminado de colorear el segundo”. Tiene más miga el asunto cuando uno se entera de que el chiste está contado por el mismo Francesco Totti en un libro llamado Cien chistes sobre Totti contados por él mismo cuya recaudación en ventas fue donada a Unicef.
La idea del futbolista como un ser desposeído de luces, al igual que el estigma de la rubia sin cerebro, me ha parecido siempre tan arbitraria como injusta. Aunque haya reglas que confirmen el prejuicio. Da igual. El punto sin embargo no es ése, aunque la anécdota de Enric González bien vale la pena para entrar en la zona mixta de la literatura y el fútbol.
Antes, hemos visto escritores futbolistas, y muchos: Nabokov, Albert Camus en su hipotético penalti a Kubala, Günter Grass… Pero ahora toca la ecuación inversa. Se trata de jugadores que no se contentan con la mímica de sus botas, sino que además… escriben.
El pasado día de reyes, el 6 de enero, me llevé una sorpresa, y de las buenas. Ya había escuchado yo del centrocampista merengue algunas cosas pero no fue hasta ese día que me di cuenta, por mis propios medios, que tenía ante mí ante un bibliófilo de mucho cuidado.
Estaba trasteando en twitter cuando de pronto veo en la cuenta de Esteban Granero, insisto, el centrocampista del Madrid, un tweet que dice: "Gracias majestades", y seguido el link de una foto. Me picó la curiosidad y presioné. Se abrió inmediatamente la imagen de una Underwood. No pude distinguir bien el modelo, y aunque soy más de las Olivetti de Cortázar, me conmovió que “el pirata” atesorara tal cariño por la máquina de usaba Mark Twain.
Me quedé inquieta con el hallazgo y seguí mirando qué más tenía en su twitter. Encontré recomendaciones de cuentos de Horacio Quiroga, también de Jorge Luis Borges. Una fotografía de 1Q84 de Murakami autografiada por el propio autor a su nombre. Imágenes de varios poemarios de Haikus, todo esto, claro, a la vez que se sucedían instantáneas de partidos y entrenamientos con el Real Madrid.
Seguí hurgando un poco más y encontré a Rafael Reig entre sus contactos, lo cual podría confirmar el rumor de que Granero asiste a un taller de escritura creativa en Hotel Kafka. Entonces pienso que el centrocampista es valiente, se requiere más valor para estar entre las fieras de los contertulios que critican un cuento que para sortear la defensa del Sevilla.
Pero el joven Granero –a quien desde el pasado viernes llevo entre ceja y ceja para una entrevista- no es el único que se dedica a escribir –todavía no sabemos si bien o mal, hay que conseguir algo suyo-, un futbolista ya retirado, actual director deportivo del Barcelona Fútbol Club –con el que ganó el trofeo Zamora en 1987-: Andoni Zubizarreta, también escribe y muy bien además. No sólo sus columnas en el diario El País, también escribió un relato, en euskera, llamado Pikolo.
El protagonista de la historia es Manuel, un niño de siete años que llega en compañía de su padre, guardia civil, al cuartel de Larrañeta, un espacio literario ficticio. En la escuela se topa con un compañero que empieza a llamarle "picoleto" y le exige un euro para dejarle cruzar el puente que separa el cuartel del pueblo. En esta especie de Comala vasco ocurre, en medio de la historia, un atentado.
Amigo, colega y ex compañero de equipo de Zubizarreta, Jorge Valdano también escribe. Él es, puede decirse, uno de los personajes a quienes más pueda deberse la limadura de asperezas o al menos quien más ha hecho por saltar distancias entre los desconfiados escritores y editores, que desde hacía décadas, veían el fútbol con desconfiza. Es cierto que ya desde Roberto Arlt o Fontanarrosa -amén de Galeano- se venía escribiendo sobre fútbol, pero nunca un jugador se había afanado tanto en tender un puente desde el césped hasta las capillas literarias y sus santos de escayola. Conocidos son, entro otros, El miedo escénico y otras hierbas y Los cuadernos de Valdano.
Del Guaraní Carlos Lobo Diarte he querido conseguir aunque fuera uno de los más de 200 poemas en verso y prosa que, dicen, registró. Fallecido el año pasado víctima de un cáncer, el nueve paraguayo era un devoto lector de Neruda y la generación del 27, o al menos eso dicen quienes eran cercanos a Lobo.
Que existan momentos literarios en el campo ya es, de por sí, un acto estético. Pero que quienes los ejecutan puedan desarrollar la capacidad de contarlos, de verterlos hebra por hebra del césped en una página blanca resolvería el acertijo de la novela de fútbol aún no escrita. No lo sé. Todavía lo ignoro. Supongo que ellos también.